ARTEVIRGO, desde La Aldea, miradas y voces

24 Mayo, 2008

A modo de preterición

Archivado en: ARTEVIRGO, CANARIAS, ENRIQUE GARCÍA VALENCIA, GRAN CANARIA, LA ALDEA, RELATOS — artevirgo @ 8:39 pm

el bufadero

En la umbría, desde la fresca escocia del risco y a su soco, incapaz de expresar con palabras la armoniosa conjunción del entorno, y después de vanos intentos sin poder atrapar ni un ápice, opto por relajarme procurando (sin conseguirlo) atesorar el estallido de sensaciones fugaces que me circunda inundando totalmente todos mis sentidos.

Rápido se mueve el viento sobre la mar, allá, más afuera, cercano ya al trazo horizontal. Lo dicen aquí: el alargado diseño de los celajes -binzas en lo alto- y la brisonera que, desarretada, le silba sin poder parar a los filos del sufrido Veril. Las olas intentan poner rítmica monotonía y tempo adecuado en la sinfonía total del entorno.

El titilar del reflejo de los charcos se sitúa en la pared del risco y la yerba que tapiza sus fondos se mueve valseando al son y compás de flujo y reflujo.

Tres cabozos, tres, van tras sus sombras persiguiéndolas con el afán de los que viven su propio juego; son los dueños del biótopo costero y campean a sus anchas por él.

Flota una cáscara de semillas de girasol sobre el fulgor del agua inquieta. Con el paso de las horas arrecia el calor y el color de la jornada se fija en las cansadas retinas. Todo se anima al mediodía con la pleamar en las charcas y barranqueras del estero.

Debajo de la aparente barahúnda, subyace la ubicua calma del lugar que me llena y me sosiega. Me voy, enrolado en la barquita de pipa vacía, por las procelosas aguas cercanas navegando de poza en poza. La brisa de la imaginación es la mejor aliada del piloto que parece timonear la nao con un desgobierno intencionado.

Los roques desde El Veril

A rente del agua, ahora algo aquietada, veo los dos roques. Allá son, lejanos e íntimos, familiares y distantes; negro el uno y colorado el otro, combinan sus perfiles eternos con la cambiante luz del día que los matiza al paso solar del tiempo.

Me amodorro pellizcando un poco de sueño, y el Sueño me apotala en su dulce ensenada con la fuerte maroma de sus pellizcones certeros…

Enrique García Valencia, La Aldea / 2007

arcoiris en El Perchel

(Fotografías: Francisco Suárez Moreno)

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