ARTEVIRGO, desde La Aldea, miradas y voces

3 Mayo, 2009

EN LA TARDECITA DEL SEXTO DÍA

creacio2EN LA TARDECITA DEL SEXTO DÍA

(LA RE-CREACIÓN DE UN VIEJO TEMA)

Cuando todavía, en pleno trajín y bambolla de la Construcción Universal, estaba el Altísimo –antes de irse a descansar– aquellando en su taller no sé qué cosa en una de sus últimas criaturas, se le acercó uno de los ángeles que refistoleaba por la fábrica y le dijo.

¿No estás haciendo demasiados ajustes y virguerías en esa obra que te ocupa tanto?

El buen Dios, limpiándose el divino sudor, le respondió.

Sí, estoy un pizquito agoniado con este ejemplar aunque, fíjate en la cantidad de especificaciones que posee esta bonita labor que tengo entre manos. Tiene que cumplir y corresponder con lo siguiente –comenzó a enumerar el Omnipotente–:

a) Ser completamente lavable, pero no de plástico ni de goma maciza.

b) Llevar ciento ochenta piezas móviles de larga duración, algunas renovables.

c) Estar diseñada para funcionar sin descanso desde las primeras horas de la mañana.

d) Ser capaz de hacer lo anterior con poco combustible : un goto de café y algo de pan.

e) Poseer un regazo cariñoso en aquellos pocos momentos que permanezca sentada.

f) Suministrar besos que lo curen todo, desde un cocazo fortuito hasta un desengaño

amoroso de altos vuelos.

g) Manejar eficientemente dos pares de brazos, hacerlo con el jango debido y…

El ángel, asmado y sin poder reprimir su sorpresa, interrumpió a su excelso interlocutor atinando a replicar entre aleteo y aleteo.

¡Cuatro extremidades superiores! ¡No puede ser!

Sí es posible, e incluso necesario si tenemos en cuenta los quehaceres y traquinas en las que se verá metida; pero, no es eso lo que me tiene hablando solo y me está enredando tanto esta vez –masculló entre dientes el Señor sin dejar de mirar lo que creaba–, son los tres pares de ojos que necesita llevar los que me tienen como un vasintino toda la santísima tarde –añadió, ahora en tono más audible, el Señor–.

¿Tres pares de ojos en todos los modelos? –preguntó el desinquieto serafín.

Bueno, por lo pronto, sólo en los modelos específicos; aunque todos los prototipos de esta femenina modalidad los llevarán en potencia, con el paso del tiempo y a lo largo de su vida útil los irán desarrollando y perfeccionando por sí mismos –respondió el Todopoderoso mientras continuaba como si hablara solo.

Un par será para ver a través de las puertas cerradas al preguntar: “Niños, ¿qué están haciendo que están tan callados?”, cuando ella de sobra lo sabe.

Otro par en la trasera de la cabeza, cerca del totiso, que usará para ver las cosas y las acciones que no debería, pero que tiene que saber para seguridad de los suyos.

Por supuesto, no hay que olvidar los dos que van al frente de la cara, los que hablan por si solos, los que están siempre vigilantes, los que transmiten mucho amor a diestro y siniestro –terminó de explicar el Creador.

Señor –pronunció suavemente el ser luminoso jalándole al mismo tiempo del borde la manga– vete a dormir, ya casi oscurece, mañana tendremos el séptimo día y podrás formatear a gusto este futuro individuo tan especial para Ti.

No, no –dijo el Sumo Hacedor–, mañana descansaré comodiosmanda, hoy quiero acabar con esto, ya estoy muy cerca de lograr lo que deseo. Terminé de poner en esta unidad la aptitud de no mostrarse nunca enferma y de curar a los demás con grandes dosis de abnegación y de mucha dedicación desinteresada.

Le añadí, además, una habilidad: la de ser capaz de alimentar a la jarquilla de tragones de su familia con apenas medio quilo de carne de componer, tres o cuatro papas del país y alguna cosilla más que pueda refañar para echar al caldero y, justo cuando tú llegaste le estaba instalando la inherente gracia infusa de saber convencer a un familio de siete años –al que le gustan más sus lamparones que el agua y el jabón– para que tome un buen baño antes de irse a dormir.

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Ah, ya veo –dijo el condenao angelito mientras planeaba alrededor de aquel modelo tan especial–. Parece tan suavecita…

Suave pero fuerte como un puntal –enfatizó el Padre–, no puedes ni imaginar lo recio, potente y firme que llegará a ser este espécimen cuando esté funcionando a tope.

¿Podrá pensar? –inquirió con curiosidad el serafín mientras miraba de raspafilón la inacabada labor–. ¿Tendrá esa facultad?

No sólo pensará, sino que sabrá razonar, deducir, sentir, reflexionar, raciocinar, meditar, suponer… –contestó la Providencia–; aunque, a veces, se dejará aconsejar y tomará sus decisiones dando un rodeo para no molestar a los demás.

¿Ya tienes su nombre? –interrogó el dichoso querubín– ¿Cómo se va a llamar el nuevo y consentido sujeto con este tan laborioso acabado tipo arcángel?

Está escrito en la etiqueta pegada en el mollero del brazo derecho, justo arrente al hombro –contestó sonriendo el Omnisciente.

El espíritu alado, sin dejar de darle a la taramela, se acercó a la anotación y leyó lentamente las sílabas como si saboreara cada letra de aquella palabra.

Maaadree, madre, no suena del todo mal el apelativo que has elegido –dijo mientras esbozaba una sonrisa pícara que se le quedó prendida al labio.

La Divina Majestad asintió, ahora con una ronca risilla, y siguió calafetiando en unas junturas que se le resistían; mientras, el etéreo acompañante luminoso –con su incontrolable jiribilla y toda la curiosidad del recién estrenado Cosmos– se arrimó aún más al prototipo en cuestión, pasó sus angelicales dedos por la sonrosada mejilla de aquella entidad llamada madre y comentó.

Señor, aquí parece tener un fallo, hay una fuga de líquido que sale a través de sus ojos.

Es un fluido, sí, pero no es una fuga –dijo pacientemente Dios–. Son lágrimas.

¿Lágrimas? ¿Y para qué diablos…? Perdón, ¿para qué sirven? Para lubricar el mecanismo de la visión, seguro que sí –acabó aseverando el indesmayable querube.

Servirán para humedecer los ojos, seguro que sí; pero ella las usará más que para eso. Le serán muy útiles para mostrar pena, alegría, tristeza, desacuerdo, dolor, placer, soledad, orgullo, rabia…, refuerzan y le dan rotundidad al mensaje que subyace en todos esos sentimientos –explicó el Señor Dios.

¡Eres un genio creando! ¡Eres el primero! ¡Eres de lo que no hay! –Exclamó el confiscado angelito batiendo sus alas a modo de aplauso.

El Altísimo, un poco cortado, miró de soslaire a su entusiasmado partidario y le dijo:

No son diseño mío, yo no las puse ahí. Es una habilidad que ha generado este sujeto al activarse la mixtura de cualidades propias de su formato humano; en definitiva, esa función lacrimógena ha sido desarrollada libremente por ella.

El Ser Supremo, aprovechando que el dicharachero angelote no supo que decir de esta novedad y que el crepúsculo vespertino estaba ya zafando, fue recogiendo todos los atarecos mal colocados, ordenó las herramientas del Taller de la Creación, amontonó algunas garepas regadas por el suelo, apagó la luz creada en los primeros días del Universo y se fue a reposar seguido de cerca por el renovado guineo del dichoso ángel que –después de recuperarse de su momentáneo mutismo y a pesar del esfuerzo que suponía el batir de alas–, como siempre, no paraba de alegar.

El final del ocaso propició el acceso de las obscuras tinieblas y un delicioso silencio reparador se cernió por todo el Cielo cayendo sobre sus agotados moradores. El Criador, contento con el resultado de los seis días de trabajo, suspiró profundamente y, mientras se arrebujaba bien con el manto negro de la noche cerrada, sonrió con un rictus mezcla de satisfacción y de cansancio.

Al canto abajo de la otra punta del Reino Celestial, en nuestro recién inaugurado orbe terrenal, se asomaba por el horizonte la aurora del séptimo día, el sol besaba tímidamente la corona de la montaña de Los Cedros, la penumbra y la quietud del valle estaban todavía preservadas por la sombra del macizo de Linagua y, allá por Artejeves, el penetrante y farruco canto de un quíquere –ajeno al descanso dominical– anunciaba rabiosamente el comienzo del Día del Señor.

En La Aldea de San Nicolás de Tolentino / 2009, con mucho cariño de:

Enrique el de Demetria, la de coma Pepa, la de seña Briginia Valencia, la de cha María Ramos, la de María Antonia Sánchez, la de Teresa Díaz Medina…

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